Rorate caeli

«Del cielo venga el Salvador y habite con nosotros.

No dejes, Señor, que sin tu luz andemos sin rumbo por senderos de perdición.
Tanto caminar entre silencio hosco, tanto vagar sin ti pisando secas arenas.
Señor, queremos ver siempre tu luz en nuestras sendas.

Del cielo venga el Salvador y habite con nosotros.

Se escucha una voz, la voz con que clama el profeta: “Preparad vuestro corazón”.
Háblanos, Señor, y haz que la fe renazca. Cuantos quieran oír sabrán que Cristo está cerca.
Del seco pedregal van a brotar, por Él, espigas.

Del cielo venga el Salvador y habite con nosotros.

Es Dios y es mortal, pues hombre nacerá de María; tierra y cielo amistad tendrán.
Hijo es ya de Dios y lo va a ser del hombre. Crédulo esperará el mundo tanta ventura
y paz alcanzarán los que por Él, amando, luchen.

Del cielo venga el Salvador y habite con nosotros.

Del mundo es la luz y quiere entrar en todos nosotros porque desea nuestro amor.
Se nos quiere dar hasta el postrer aliento; todos esperarán el día del retorno,
cuando vendrá a juzgar el bien y el mal de nuestras vidas.

Del cielo venga el Salvador y habite con nosotros».

cf. Isaías.

Anuncios

Domingo I Adviento (B)

Hoy comenzamos un nuevo año litúrgico.
Hoy Dios nos ofrece una nueva oportunidad para que caminemos con Él y en Él.
Hoy la Iglesia se pone en marcha en busca de su Señor que viene.

. . .

La Palabra de Dios de este primer Domingo de Adviento nos exhorta a una sola cosa: VELAD.

Velad porque el tiempo pasa y no sabemos cuándo vendrá el Señor.
Velad porque el amor no admite el sueño del corazón.
Velad porque el sueño de la inconsciencia acecha la vida de continuo.

Así pues Velad:

VELAD, con los ojos abiertos.
VELAD, con el corazón despierto.

El Señor vendrá, VELAD.
El Señor viene, VELAD.
El Señor está, VELAD.

Este tiempo que dedicamos a preparar la venida del Señor constituye en sí una experiencia, un tiempo de encuentro con el Señor. Cuando uno cultiva la esperanza, Cristo se hace presente.

Jesús nos invita a la vigilancia. Sería una lástima que cuando Dios venga nos encuentre dormidos.

Dios va a venir a nuestras vidas. La iglesia peregrina -nosotros- debe estar siempre en actitud de espera, porque siempre es adviento, siempre está viniendo el Señor.

Is 63,16b-17.19b;64,2b-7;
Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19;
1Co 1,3-9;
Mc 13,33-37.

«Nos hemos inmunizado contra el dolor ajeno»

«Nuestras vidas corren junto a otras y, salvo en contadas ocasiones, nunca se tocan. El dolor puede discurrir muy cerca, y no verlo; puede mudarse para siempre al quinto izquierda y no ser conscientes de ellos excepto cuando nos cuentan la mala noticia y al llegar al sexto la archivamos. Nos hemos inmunizado contra el dolor ajeno, que sólo nos duele los primeros cinco minutos».

El año sin verano. Carlos del Amor.