Historia

El monasterio Sancti Spiritus de Toro (Zamora) fue fundado por expreso deseo de Doña Teresa Gil en su testamento, y ejecutado a partir de 1316 por la reina Doña María de Molina, esposa del Rey Sancho IV, y Señora de Toro.

escudos

Sus muros albergaron personajes ilustres como la reina Beatriz de Portugal, cuyo sepulcro -de gran valor artístico- se encuentra en el coro del monasterio junto al de la fundadora y el de Doña Leonor de Castilla, una de las primeras prioras más notables y destacadas. Entre las monjas, apellidos como Sosa, Portocarrero, Acuña, Fonseca, hijas de familias portuguesas asentadas en Toro a raíz de Aljubarrota, que acompañaron a la reina Beatriz en su retiro en el Sancti Spiritus. El último huésped ilustre fue la infanta Doña Juana, hija de Carlos V, que vivió en esta comunidad entre 1550 y 1552.

Entra con cierto esplendor en la etapa renacentista. De ello nos dan testimonio las obras de arte y los préstamos que otorga el convento.

Sin embargo, el siglo XVII no dejó nada bueno en el monumento.

En el segundo cuarto del siglo XIX, la desamortización acaba con su hacienda y se inicia un largo período de desdichas para el monasterio, hasta que lo invaden los revolucionarios de 1868.

Muchos fueron los privilegios y donaciones que hicieron los Reyes de Castilla al convento, sin que ello impidiese que, en el transcurso de los siglos, al esplendor y las holguras siguiesen las estrecheces y penurias económicas. Con respecto a dichos privilegios reales se puede decir que, todavía siendo Don Sancho (más adelante, Sancho IV) infante de Castilla, ya otorga concesiones a la futura fundadora del Monasterio, doña Teresa Gil, “como lo había de haber el rey su padre” (Alfonso X el Sabio). Lo mismo harán más adelante su esposa, la reina Doña María de Molina, y su hijo Fernando IV. A ellos les siguen Alfonso XI, Pedro I, Enrique II, Enrique III, Juan II, Enrique IV e Isabel I, hasta llegar a Felipe V. Por lo que, desde Sancho IV (1276) hasta Felipe V (1716), pasando por los Reyes Católicos, todos los monarcas castellanos privilegiaron a este monasterio o a su fundadora (siglos XIII-XVIII).

Actualidad

La fábrica del monasterio destaca desde el inicio, y hoy quienes nos visitan pueden apreciarlo al recorrer el coro, la iglesia, el claustro y el refectorio; piezas arquitectónicas grandes y sobrias. Mucha es la “riqueza” acumulada en el transcurso de los siglos, a pesar de los expolios y las ventas que se hicieron en siglos más recientes, dadas las necesidades perentorias, pero todavía se muestran en el museo del monasterio objetos artísticos interesantes para quien gusta del arte. Cabe destacar el ajuar funerario de la fundadora doña Teresa Gil (+1310/1312).

Ya en pleno siglo XX, en el año 1943, el Gobierno acuerda la inclusión del Monasterio en el Catálogo Artístico Nacional. Sin embargo, dicha inclusión en nada benefició en principio al monasterio; los beneficios llegarían varios años después. A finales del mismo la Junta de Castilla y León acometió una obra de gran envergadura con la restauración de gran parte del monasterio.

Desde esta restauración, se habilitó una hospedería para dar acogida a nuestros familiares; y años más tarde, para quienes desean participar de nuestra vida de silencio y retiro, una sencilla casa de espiritualidad.

Por otro lado, y para sustento de la comunidad, nos dedicamos a la elaboración de dulces desde hace más de treinta años.

Pero la fundadora no sólo pensó en un edificio, sino que en su testamento señaló que las monjas que en él habitasen “vivan en el servicio de Dios y de la Virgen su Madre Santa María según su ordenamiento de los frailes predicadores”.

Un deseo que pervive

«Orantes, contemplativas, de la Orden de Predicadores, dominicas. Un deseo que perviveÉste es el deseo de una mujer noble que ha pervivido hasta nuestros días. Y es que, a pesar de ser muchos los años y siglos transcurridos desde que ella manifestara su deseo, éste ha resistido a los embates del tiempo.

Ahora la comunidad es mucho más pobre que en sus inicios, es mucho menor en número de monjas y en influencia social. Se puede decir que en todo hemos venido a menos, pero pervive en nosotras el deseo de seguir manteniendo en alto la llama de Domingo de Guzmán, el castellano universal que “hablaba sólo con Dios o de Dios” y que hizo de su misión y oración un grito constante.

Hoy las monjas dominicas de Sancti Spiritus, deseamos sólo eso: seguir siendo orantes, por el mundo entero que nos rodea», y alabando sin cesar al Dios de la misericordia, Jesucristo Nuestro Señor.

En el año 2016 celebramos el séptimo centenario de nuestra fundación. Con motivo del mismo, la comunidad publicó el libro Un deseo que pervive, en el que se narra la vida e historia del Sancti Spiritus a lo largo de estos setecientos años.

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