El sonido del silencio

Silencio pobre

Solo puedo alabarte
sin palabras,
muda,
en silencio.
No tengo dónde apoyarme.
No sé decir “te quiero”,
ni siquiera sé si lo siento.
Solo puedo mirarte
sin mirada,
ciega,
en el silencio pobre
de los que claman tu nombre.

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Cadena perpetua

Seguirá siendo blanco el folio que mancho;
rasgado el rugiente roto
el quiebre de mi voz.

Llévame a esa soledad poblada de aullidos,
donde se abre la vida en la ilusión de un charco que fue pecado.
Prepara el terreno, allana los caminos,
riégame con el silencio mudo de mi grito de asombro.

O a esa luna llena que refleja la soberbia de lo que un día fui:
piedra sobre piedra, cristal amurallado.

Señor, si supiera decir ‘Perdón’
hasta un rayo treparía.

Apunto en el blanco de mi objetivo.

Ruido de serpiente,
cascabel en llamas.
Somos dos.

Aprieta, me da fuerte, me consume.
Es su látigo la huella; arde el mar si lo frena.
Y se derrumba el cielo que dibujé en mis pupilas.

Somos dos en un aguacero de la noche inerte,
en calma el cuervo vocifera mi andar.
Cadena perpetua si me alcanza tu suave voz.
Vela el bosque tu sueño permanente.

Murmullo de sábanas blancas en la ciudad.
Solo unos pasos, en penumbra;
todo recto saltando obstáculos:
hacia el Edén.

Solo una mirada

Yo sé que me miras,
que no dejas de mirarme,
que tu mirada es intensa,
tierna y protectora;
que me acaricia,
que –casi– me toca;
tienes una mirada
limpia, clara, reluciente,
que me atraviesa el pecho
y me quema el corazón;
arde todo mi cuerpo
cuando me miras,
arde en escalofríos,
y, sin querer, sonrío;
me miras y me desnudas,
llegas hasta el fondo:
¡Tú sabes dónde está mi alma!
No cabe más amor
en tu mirada.
Mírame,
no dejes de mirarme,
siento el tacto
de tu pupila,
mi soledad en llamas.
No puedo apagar
este amor que me consume,
me derrite,
¡tanto me amas!
Se me eriza la piel:
es tu mirada.
Un mirar así
penetra y me llama.
Es tan dulce tu mirar.
No dejes que lo esquive.
Yo qué que Tú me amas.
Me rindo,
me atrapas,
me sostiene tu mirada.
Ay, Amor, que tanto amas…
No sé estar contigo,
pero Tú… Me has mirado.