El sonido del silencio

No tengo flores que ofrecerte

No tengo flores que ofrecerte
ni primavera que regar con mi lluvia.
No sé cantar como la brisa entre los árboles,
ni dibujar el vuelo de una golondrina.
No puedo ascender como el vapor,
convertirme en nube
ni cubrir el cielo con mi esplendor.
No encuentro el color más bello,
el sonido perfecto,
el olor de tu fragancia.
No consigo entretejer un Ave María
en el rocío de la mañana,
ni crear un atardecer
capaz de estremecer
en la soledad callada de un madero abandonado.

No tengo flores que ofrecerte;
solo soy raíz escondida
empapada bajo tierra.
Hazme brotar hacia tus manos, Madre;
enredarme en tu mirada
con el abono de tus besos;
haz de mí la cara oculta
del ardiente amor,
el verso eterno del silencio,
el grito ahogado en tus entrañas.

Porque no tengo flores que ofrecerte…
Hazme una,
solo una,
con tu Hijo, Dios y Señor.

Anuncios