Autor: dominicasentoro

Dominicas contemplativas. Monasterio Sancti Spritius, Toro (Zamora, España).

«Dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte»

«Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: «Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro».

Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.

Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.

¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.

Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.

Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?

Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré».

San Anselmo.

Anuncios

Domingo II de Adviento (B)

CONSOLAD.
Consolad, consolad a mi pueblo;
hablad al corazón, gritadle.
Alza con fuerza la voz, álzala, no temas…
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
nuestro Dios llega con fuerza,
habitará en nuestra tierra,
anuncia la paz,
revela su Gloria,
apacienta el rebaño,
lleva en brazos los corderos…
Él nos bautizará con Espíritu Santo…

Una voz grita:
viene detrás de mí;
yo no merezco agacharme
para desatarle las sandalias.

Is 40,1-5.9-11;
Sal 84;
1P 3,8-14;
Mc 1,1-8.

Inmaculada Concepción

«Eres más pura que el sol, más hermosa
que las perlas que ocultan los mares.
Ella sola entre tantos mortales
del pecado Adán se libró.

Salve, Salve, cantad a María,
que más pura que tú solo Dios;
y en el cielo una voz repetía:
“Más que tú, solo Dios, solo Dios”.

Ah, bendito el Señor que en la tierra
pura y limpia te quiso formar,
como forma el diamante en la sierra,
como cuajan las perlas del mar.

De la rosa, el carmín y el aroma
que deleitan el bello pensil,
son apenas lejana memoria
del amor y virtud que hay en ti.

Eres Madre de Amor más hermosa
que los astros y el bello arrebol.
Nuestra alma de gracia se adorna,
alabando tu gloria inmortal.

La azucena que se alza en los valles
con blancura de nieve y de sol,
palidece ante el brillo inefable
que en tu faz divinal puso Dios

Toda hermosa, te cantan los hombres,
tierna Reina, Reina Celestial.
Por Señora los cielos te aclaman
alabando tu gloria inmortal».

Autor desconocido.