Barro

«La arena se arremolina inundando mis párpados.
Estoy perdido en el camino y no te encuentro,
como un ciego a tus pies esperando el milagro,
busco tu maná socavando las dunas del desierto.

Me sobra mi estirpe, mi etnia, mi raza,
el pigmento de mi piel me causa ira y miedo,
me hace diferente mi sexo y mi cara,
mi iris me juzga cuando me miro al espejo.

Y así en mis diferencias logro reconocerme
odiando las pautas de mi comportamiento,
la hipocresía de querer sin ser, de estremecerme
falsamente por todo aquello que me es ajeno.

Despójame de mí mismo, de mis egos;
derrama tu diluvio sobre mi ser;
provoca el desahucio de mi cuerpo.

Llévame al principio, al origen, al Edén.
Déjame ser barro de nuevo, Alfarero».

Barro. Javier Clemente.

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Luna

Si fuera Luna,
sonreiría entre pecas
sobre tu angustia;

velaría tu sueño
más profundo,
la ligereza
de tu cuerpo desvanecido;

alumbraría la penumbra
que yace a tu alrededor,
cansado tu abatimiento,
pies inertes al despuntar
el calor ensimismado.

Tú,
tan nueva como naciste,
creciente entre algodones;
menguas la grandeza que te apodera.

Al final de tus días,
te dejaré mi plenitud.

Luna.

Epifanía del Señor

Adorar…

…perderse en lo insondable,
hundirse en lo inagotable,
pacificarse en lo incorruptible,
absorberse en la inmensidad definida,
ofrecerse al fuego y a la transparencia,
aniquilarse consciente y voluntariamente
a medida que se tiene más conciencia de uno mismo,
darse a fondo a aquello que no tiene fondo.
¿A Quién podemos adorar?»

Teilhard de Chardin.